Lunes , Agosto 21 2017
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Antigüedad de prácticas mágicas en Egipto – Parte 3

Antigüedad de prácticas mágicas en Egipto – Parte 3

Más adelante en la historia de los tratos de Moisés con los egipcios que encontramos el relato de cómo “extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo que el mar para ir de nuevo por un fuerte viento oriental toda aquella noche, y nos hizo el mar secar la tierra, y las aguas se dividieron y los hijos de Israel entraron por en medio del mar en seco. La tierra, y las aguas eran un muro a su derecha y a su izquierda”. Cuando los egipcios se había interpuesto entre las dos paredes de agua, por orden de Moisés Dios extendió su mano sobre el mar”, y el mar se volvió en su fuerza”, y las “aguas volvieron y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército del Faraón que había en el mar después de ellos”.

Sin embargo, el dominio de las aguas del mar o de un río fue reivindicado por el mago egipcio mucho antes del tiempo de Moisés, como podemos ver en una interesante historia conservada en el Papiro Westcar. Este documento fue escrito a principios de la dinastía XVIII, alrededor de 1550 aC, pero está claro que las historias que datan de principios del Imperio, y de hecho son tan antiguas como la Gran Pirámide. La historia tiene que ver con el rey Khufu (Keops) por Baiu-F-ra como un acontecimiento que sucedió en la época del padre del rey, y como prueba de los maravillosos poderes de la magia que estaban poseídos por el sacerdote 3 llamados Tchatcha-em-Ankh. Parece que en un día determinado rey Seneferu estaba con la moral baja, y se aplica a los nobles de su casa real esperando que encontrarían algún medio por el cual el corazón puede hacerse feliz, pero ya que no pudo hacer nada para animar al rey, dio órdenes de que el sacerdote y el escritor de libros, Tchatcha-em-Ankh, debe ser llevados a su presencia de inmediato, y de acuerdo con el orden real fue a la vez que trajeron. Cuando hubo llegado, Seneferu le dijo: “Mi hermano, se dirigió a los nobles de mi casa real en busca de algún medio por el cual yo podría alegrar mi corazón, pero no han encontrado nada para mí.” El sacerdote le respondió y aconsejó al rey que dirigirse a sí mismo al lago, cerca del palacio, y para ir a navegar en él en un barco que había sido amueblado cómodamente con las cosas de la casa real. “Porque”, dijo él, “el corazón de tu Majestad gozaremos y alegraremos cuando tú navegas de aquí para allá, ¿y ver las espesuras hermosas que se encuentran en el lago, y viendo los bonitos bancos de la misma y los hermosos campos entonces en tu corazón sientan la felicidad.

En seguida pidió que el rey le permitiera organizar el viaje, y le pidió permiso para que le trajera veinte remos ébano con incrustaciones de oro, y veinte jóvenes vírgenes que tienen hermosas cabezas de formas de pelo y encantadora y extremidades bien formadas, y veinte en el que las redes estas vírgenes y vistan a sí mismos en lugar de en su propio ordinaria prendas de vestir. Las vírgenes fueron a remar y cantar a Su Majestad. A estas propuestas el rey asintió, y cuando todo estuvo listo, él tomó su lugar en el barco, mientras que las mujeres jóvenes remaban él de un lado a otro el rey los miró, y su corazón se libero de la atención. Ahora bien, como una de las mujeres jóvenes era de remo, se enreda a sí misma de alguna manera en el pelo, y una de sus joyas que se hizo de la “nueva turquesa” cayó al agua y se hundió, ella dejó la fila, y no sólo a sí misma, pero todas las otras doncellas dejaron de remar también. Cuando el rey vio que las doncellas habían cesado su trabajo, les dijo, “que no vais a remar?” y ellos respondieron: “Nuestro líder ha dejado de remar”. Luego dirigiéndose a la joven que había caído por la borda su ornamento, le preguntó por qué no estaba remando, con lo cual ella le contó lo que había sucedido. En esto, el rey prometió recuperar el ornamento para ella.

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