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Ceremonias mágicas – Parte 8

Ceremonias mágicas – Parte 8

Se abrieron los dioses. Horus, abrir la boca! Horus, abrio la boca! Horus tiene abierta la boca de los muertos, ya que en tiempos pasados ​​se abrió la boca de Osiris, con el hierro que salió de Set, con el instrumento de hierro con la que abrió la boca de los dioses. Él me abrió su boca con ella. El fallecido andará de decir, y su cuerpo será con la gran compañía de los dioses en la Gran Casa de aquel Edad en Annu, y recibirá allí la ureret corona de Horus, el señor de la humanidad”.

Así, el se abre la boca y los ojos de la persona fallecida. El Sem sacerdote tomó en su mano el instrumento llamado ur hekau, es decir, el “Fuerte de encantamientos”, una curiosa, pieza sinuosa de madera, una de los cuyos extremos está en la forma de la cabeza de un carnero coronada por un uraeus, y tocó la boca y los ojos de la estatua o momia cuatro veces, mientras que el Kher-heb recitó un largo discurso en el que declaró que esta parte de la ceremonia se había asegurado de fallecidos todo los beneficios que se devengan al dios Osiris de las acciones de Nut, Horus y Set, cuando se encontraba en un estado similar. Se ha dicho anteriormente que cada hombre muerto esperaba ser proporcionado con el hekau o palabras de poder, que fuera necesario para él en el otro mundo, pero sin boca que era imposible para él pronunciarlas. Ahora que la boca, o más bien el uso de la misma, fue restaurada con el fallecido, que era muy importante para dar él no sólo las palabras de poder, sino también la capacidad de pronunciar correctamente y de tal manera que los dioses y otros seres quisieron escuchar a ellos y obedecerles, cuatro toques de instrumentos en los labios dotados del difunto con la facultad de pronunciar las palabras adecuadas en la forma adecuada en cada una de las cuatro partes del mundo. Cuando esto se ha hecho, varias otras ceremonias se llevaron a cabo con el objeto de permitir que el “hijo que lo amase”, o su representante, que participará en la apertura de la boca de su padre.

Para hacer esto él tomó en su mano un cincel de metal y tocó las aberturas de la boca y de los ojos, y luego el Sem sacerdote tocó primero con su dedo meñique, y después con una pequeña bolsa llena de trozos de piedra roja o cornalina, con la idea, M. Maspero piensa, de restaurar los labios y los párpados del color, que se habían perdido en el proceso de la momificación. El “hijo que lo ama”, luego tomó cuatro objetos llamados “de hierro del Sur, y el hierro del Norte”, y puso cada uno de ellos cuatro veces sobre la boca y los ojos, mientras que el cherheb recita la dirección correcta en la que la momia o estatua se dice que tenía la boca y los labios firmemente establecidos.

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