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Cuentos japoneses: mi señor Bolsa de Arroz, parte 3

Cuentos japoneses: mi señor Bolsa de Arroz, parte 3

Hidesato miró hacia donde señalaba su anfitrión, y, en la penumbra de la noche estrellada, detrás de las dos bolas de fuego que vio el cuerpo largo de un sinuoso ciempiés enorme alrededor de las montañas, y la luz en sus cien pies brillaban como lejanos para muchas linternas moviéndose lentamente hacia la orilla.

Hidesato no mostró el menor signo de temor. Trató de calmar al Rey Dragón.

“No tengan miedo. Seguramente matará al ciempiés. Sólo tráeme mi arco y flechas “.

El Rey Dragón hizo lo que le haga una oferta, y el guerrero notó que tenía solamente tres flechas que quedan en su aljaba. Tomó el arco y una flecha para ajustar la muesca, apuntó con cuidado y disparó.

La flecha golpeó la derecha ciempiés en el medio de la cabeza, pero en lugar de penetrar, rebotó de forma inofensiva y sentía el suelo.

Nada intimidado, Hidesato tomó otra flecha, la colocó a la escotadura del arco y disparó. De nuevo la flecha en el blanco, golpeó el derecho ciempiés en el medio de la cabeza, sólo para rebotar y caer al suelo. El ciempiés fue invulnerable a las armas! Cuando el Rey Dragón vio que incluso su flecha valiente guerrera eran incapacez de matar el ciempiés, perdió el corazón y empezó a temblar de miedo.

El guerrero vio que tenía ahora sólo una flecha a la izquierda en su aljaba y, si éste no que no podía matar al ciempiés. Miró a través de las aguas. El enorme reptil había enrollado su cuerpo horrible siete veces alrededor de la montaña y luego bajaba hasta el lago. Más cerca y más cerca de las bolas de fuego brillaban los ojos, y la luz de sus cien pies comenzaron a arrojar reflejos en las tranquilas aguas de la laguna.

De pronto, el guerrero recordó que él había oído que la saliva humana es mortal para los ciempiés. Pero este no fue un ciempiés común. Esto era tan monstruoso que incluso pensar en tal criatura hizo una fluencia de horror. Hidesato decidido a probar su última oportunidad. Así que teniendo su última flecha y poner primero al final de ella en su boca, se ajustaba a la muesca a su arco, apuntó cuidadosamente una vez más y disparo.

Esta vez, la flecha de nuevo golpeó la derecha ciempiés en el medio de la cabeza, pero en vez de rebotando inofensivamente como antes, golpeó el hogar de cerebro de la criatura. Luego, con un estremecimiento convulsivo del cuerpo serpentino dejó de moverse y la luz ardiente de sus ojos grandes y los pies cien oscurecido hasta una mirada aburrida como el atardecer de un día de tormenta, y luego salió en la oscuridad. Una gran oscuridad ahora para extenderse a los cielos, el trueno y el relámpago brilló, y el viento rugió con furia, y parecía como si el mundo estaba llegando a su fin. El Rey Dragón y sus hijos criados todos agazapados en diferentes partes del el palacio, miedo a la muerte, porque el edificio fue sacudido hasta sus cimientos. Por fin, la terrible noche había terminado. Amaneció hermoso y claro. El ciempiés se había ido de la montaña.

Entonces Hidesato llamado al Rey Dragón a salir con él en el balcón, por el ciempiés estaba muerto y él no tenía nada que temer.

Entonces todos los habitantes del palacio salieron con alegría, y Hidesato señaló el lago. Ahí yacía el cuerpo del ciempiés muerto flotando en el agua, que se tiñó de rojo con su sangre.

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