miércoles , septiembre 20 2017
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Figuras mágicas – Parte 3

Figuras mágicas – Parte 3

Y otra vez la esposa de Aba-Aner ordenó al mayordomo que estaba a cargo de la finca a preparar la casa, que estaba en el jardín, “para”, dijo, “He aquí, yo vengo de pasar algún tiempo en ella.” Así que la casa estaba ya lista y con todas las cosas buenas, y ella vino con el hombre y pasó algún tiempo con él allí. Y cuando llegó la noche el hombre se fue hacia el agua para lavar según su costumbre diaria, y el mayordomo se fue tras él y lo tiró al agua el cocodrilo de cera, que en seguida se convirtió en un cocodrilo vivo de siete codos (es decir, alrededor de doce pies) de longitud, y se apoderó del hombre y lo arrastraron hacia abajo en el agua.

Mientras tanto ABA-Aner detenía con su rey Neb-kau-Ra durante siete días, y el hombre se mantuvo en lo más profundo del agua y no tenía aire para respirar. Y en el séptimo día aba-Aner la kher heb 1 salió con el rey a dar un paseo, e invitó a su majestad para venir y ver por sí mismo una cosa maravillosa que le había sucedido a un hombre en su propio día, por lo que el rey se fue con él. Cuando llegaron a las aguas aba-Aner conjuró el cocodrilo, diciendo: “Trae el hombre”, y el cocodrilo salió del agua, con lo que el hombre aparecio con él.
Y cuando el rey observó que el cocodrilo era un monstruo horrible buscando, aba-Aner agachó y puso en su mano, cuando en seguida se convirtió en un cocodrilo de cera como lo era antes. Después de estas cosas aba-Aner relacionado al rey lo que había sucedido entre su mujer y el hombre a quien el cocodrilo había sacado del agua, con lo cual el rey dijo al cocodrilo: “Toma lo que es tuyo y vete”, y al instante el cocodrilo tomó al hombre y se lanzó al agua con él, y desapareció en las profundidades.

Y, por orden real la esposa de Aba-Aner fue capturado, y después de haber sido llevado a la parte norte del palacio fue quemado y sus cenizas fueron arrojadas al río. Aquí, pues, tenemos ya en la dinastía III la existencia de una creencia de que un cocodrilo de cera, ciertas palabras se habían dicho, podría cambiar a sí mismo en un reptil que vive en el placer, y que un hombre se podría hacer por el mismo medio de vivir en el fondo de un arroyo durante siete días sin aire. También podemos notar que el gran oficial sacerdotal, la kher heb, era tanta la costumbre de realizar tales actos de magia que guardaba en una habitación una caja de materiales e instrumentos siempre listos para ello, y, al parecer, ni a sí mismo, ni su rey, ni su siervo, pensaron que el trabajo de magia incompatible con su alta investidura religiosa.

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